La generación

Una generación no fundamentalista

Los tres representan las destacadas trayectorias de decenas de líderes de la Séptima Papeleta hace 20 años.  Catalina Botero es la Relatora para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; Oscar Ortiz es el Zar Anti-Corrupción y Diego López es uno de los autores más influyentes del  nuevo constitucionalismo.

Catalina Botero. Foto: Cortesía Semana

¿Qué significó para la política colombiana la Séptima Papeleta?

Catalina Botero.: Una descarga intravenosa de energía y esperanza. Una salida al bloqueo institucional y a labrutal separación entre lo político y la gente. Hace falta revivir ese espíritu, esa esperanza y esa fuerza, para que en las elecciones que vienen se produzca un verdadero veto popular a las mafias.
 
Óscar Ortiz: Una revolución ciudadana. El pueblo, convocado por jóvenes universitarios, impulsó la creación y elección de una Asamblea Nacional Constituyente que cambió la soberanía nacional por la soberanía popular. La Séptima Papeleta no fue el fin de una revolución sino el comienzo de una revolución. 

 

Diego López: Fue una propuesta desde la sociedad civil que convocó a ciudadanos en una plataforma suprapartidista y que expresó, entre otras cosas, un llamado a la política y a los políticos para que se modernizaran, exigiéndoles mayor transparencia y mayor representatividad.

Oscar Ortiz González. Foto: Cortesía Semana

 
¿Existe una generación del 91?
 
C.B.: Claro que existe. Tenemos un compromiso muy sólido en torno a algunos temas, al núcleo intangible de la Constitución. Aprendimos para siempre el pluralismo, la tolerancia genuina y respetuosa, la valoración de las creencias e ideas del otro. Creamos lazos que se mantienen 20 años después.
 
O.O. Sí. Esa generación se juró a sí misma no volver a quedarse callada y se comprometió públicamente a transformar nuestra sociedad y el Estado a partir de la acción ciudadana. También asumió que la Constitución es un libreto de creación compartida y que para no quedarse en el papel exige responsabilidad y trabajo por toda la vida. 

Diego López Medina. Foto: Cortesía Semana

D.L.: Sí. La generación de 1991 abrazó un cierto utopismo que, sin embargo, no tenía que ver con antagonismos fuertes de conservadores versus liberales, ni de capitalismo versus comunismo. Su utopía es una de derechos para todos, abandonando la “lucha de clases”; redistribución económica, sin fundamentalismos; modernización y secularización de la vida, pero respetando el pluralismo religioso. 

 

 

Por: Alejandra Bonilla, Especial para Colprensa.

Marzo 6 de 2010

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